Vivimos en una era visual y sonora. Publicar una imagen atractiva, acompañar un vídeo con la canción de moda o usar un clip llamativo en redes sociales puede marcar la diferencia entre pasar desapercibido o captar la atención de miles de personas. Sin embargo, en esa búsqueda por destacar, muchos olvidan un aspecto fundamental: los derechos de autor. Usar contenido ajeno sin permiso no solo es una falta de respeto hacia su creador, sino que puede implicar consecuencias legales graves, especialmente si el uso tiene un fin comercial. En este artículo te explico cómo utilizar imágenes, música y vídeos de forma legal, qué tipos de licencias existen y cómo protegerte frente a infracciones.
Qué son los derechos de autor y por qué importan
Los derechos de autor son el conjunto de normas que protegen las obras creativas desde el momento mismo en que se crean. No hace falta registrarlas para que exista protección: basta con que la obra sea original y esté fijada en un medio tangible, como una fotografía, una canción o un vídeo. En España, estos derechos están regulados por el Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual (LPI), que reconoce dos tipos de derechos: los morales (que protegen el vínculo del autor con su obra) y los patrimoniales (que permiten al autor decidir cómo se usa y obtener beneficios económicos de ella). En la práctica, esto significa que si utilizas una imagen, una melodía o un vídeo creado por otra persona sin su autorización, podrías estar vulnerando sus derechos. Las sanciones pueden incluir desde la retirada del contenido hasta indemnizaciones económicas e incluso responsabilidades penales en casos de uso intencionado o con ánimo de lucro.

Usar imágenes correctamente: no todo lo que está en internet es libre
Uno de los errores más comunes es pensar que si una imagen está en Google, se puede usar libremente. Nada más lejos de la realidad. La mayoría de las fotografías, ilustraciones y gráficos que encontramos en internet están protegidos por derechos de autor, aunque no lo indiquen expresamente. Para utilizar imágenes de forma legal, existen varias alternativas seguras:
1. Crear tu propio contenido. Es la opción más segura. Si haces tus propias fotos o ilustraciones, los derechos te pertenecen a ti.
2. Usar bancos de imágenes con licencia. Plataformas como Shutterstock, iStock, Adobe Stock o Depositphotos ofrecen fotografías con diferentes tipos de licencia. Generalmente, el pago da derecho a utilizarlas en tus proyectos, pero siempre dentro de los límites establecidos (por ejemplo, no puedes revenderlas ni usarlas para crear una marca).
3. Buscar imágenes con licencias Creative Commons. Estas licencias permiten el uso gratuito de contenido bajo ciertas condiciones. Existen varias modalidades: algunas exigen citar al autor (CC BY), otras impiden usos comerciales (CC BY-NC) o modificaciones (CC BY-ND). Sitios como Unsplash, Pixabay o Pexels ofrecen miles de imágenes libres de derechos, pero es recomendable leer siempre los términos de uso.
4. Consultar el dominio público. Las obras cuyos derechos han expirado (generalmente 70 años después de la muerte del autor) pasan a dominio público y pueden utilizarse libremente. Ejemplo: pinturas clásicas o fotografías históricas. Sin embargo, atención: algunas versiones digitalizadas o restauradas pueden tener derechos nuevos asociados.
Usar imágenes sin permiso puede parecer algo inofensivo, pero las reclamaciones por copyright son cada vez más comunes, sobre todo en redes sociales y páginas comerciales. Plataformas como Instagram o YouTube pueden eliminar publicaciones o incluso bloquear cuentas si reciben denuncias legítimas.
La música: el terreno más delicado del copyright
El uso de música protegida es uno de los temas más sensibles del derecho de autor. Cada canción tiene múltiples titulares de derechos: el compositor, el intérprete, el productor del fonograma y, a veces, la discográfica. Por tanto, para usar música legalmente se necesita autorización de todos o de la entidad que los represente. En España, las principales gestoras de derechos son SGAE, AGEDI y AIE, que recaudan y distribuyen los derechos por el uso público de música. Esto incluye desde la ambientación en locales comerciales hasta la inserción de canciones en vídeos o podcasts.
Si creas contenido en plataformas como YouTube, Instagram o TikTok, es importante saber que muchas canciones comerciales están protegidas automáticamente por sistemas de detección de copyright. YouTube, por ejemplo, usa un sistema llamado Content ID, que identifica fragmentos musicales y bloquea o monetiza el vídeo en favor del titular de derechos.

Para evitar problemas, hay tres opciones seguras:
1. Usar música libre de derechos o con licencias abiertas. Existen bibliotecas especializadas, como Free Music Archive, Bensound o Epidemic Sound, donde puedes descargar canciones bajo licencias Creative Commons o comerciales que permiten su uso en vídeos y redes sociales.
2. Comprar licencias de uso. Muchos compositores ofrecen sus obras bajo licencias asequibles que te permiten utilizarlas de forma legal, incluso en proyectos comerciales.
3. Usar la música incluida en las propias plataformas. TikTok, Instagram y YouTube disponen de catálogos musicales con acuerdos de licencia, lo que te permite incorporar fragmentos sin infringir derechos, siempre dentro de los límites de uso previstos.
En cualquier caso, siempre conviene leer los términos específicos: algunas licencias permiten su uso solo mientras tengas una suscripción activa, y otras exigen atribución al autor.
El uso de vídeos: entre lo público y lo privado
Los vídeos combinan imágenes, sonido y, a veces, marcas o rostros reconocibles, lo que multiplica los riesgos legales. Descargar un vídeo de YouTube y volver a subirlo a otra red social es una infracción clara, salvo que el autor haya autorizado expresamente su reutilización. Lo mismo ocurre con fragmentos de películas, series o noticiarios: aunque solo uses unos segundos, sigues necesitando permiso si el uso no entra dentro de las excepciones legales.
La Ley de Propiedad Intelectual española contempla excepciones como el derecho de cita o el uso con fines educativos, pero su aplicación es muy limitada. El uso de un fragmento breve puede estar permitido en una reseña o comentario crítico, siempre que se cite la fuente y el uso sea proporcional. Sin embargo, no puede usarse para fines promocionales o de entretenimiento sin autorización.
Si deseas crear vídeos con material ajeno, existen bancos de vídeos libres de derechos, como Videvo, Pexels Video o Pixabay Video. También puedes usar clips bajo licencias Creative Commons, pero igual que con las imágenes, debes verificar si permiten uso comercial y modificaciones.
Otro aspecto importante es el derecho a la propia imagen. Incluso si grabas un vídeo original, no puedes difundir la imagen de una persona identificable sin su consentimiento, salvo que se trate de personajes públicos o de actos de interés informativo. Publicar vídeos de terceros sin permiso, aunque sea en tono humorístico, puede vulnerar tanto la Ley de Propiedad Intelectual como la Ley Orgánica de Protección Civil del Derecho al Honor y la Intimidad.
Las redes sociales y su política de derechos
Al subir contenido a redes como Instagram, TikTok o YouTube, el usuario concede a la plataforma una licencia para usar, reproducir y distribuir su contenido. Es decir, aunque sigues siendo el titular de tus derechos, autorizas a la plataforma a utilizar tu contenido con determinados fines. Por eso, antes de publicar material ajeno, conviene asegurarse de tener los permisos necesarios. Las propias redes incluyen mecanismos para denunciar infracciones y eliminar contenido que viole derechos de autor. No obstante, también pueden suspender cuentas o restringir visibilidad si detectan usos reiterados indebidos.
Consejos prácticos para evitar infringir derechos
- Usa siempre fuentes confiables y revisa las licencias antes de descargar o publicar.
- Atribuye correctamente al autor cuando la licencia lo exija.
- Evita modificar obras protegidas sin permiso, incluso si solo cambias una parte.
- No utilices música o imágenes “de moda” salvo que estén claramente autorizadas por la plataforma.
- Guarda evidencias de las licencias o permisos de uso: pueden servirte ante una reclamación.
Conclusión: crear con respeto y conocimiento
El acceso fácil a contenidos digitales ha difuminado la línea entre compartir e infringir, pero la ley sigue siendo clara: toda creación tiene un autor y merece respeto. Usar imágenes, música o vídeos de forma ética y legal no solo evita problemas, sino que fortalece la cultura de respeto a la creatividad. En la era digital, ser responsable con los derechos de autor no significa limitarse, sino aprender a crear con conciencia y dentro de la legalidad. La creatividad libre no consiste en copiar, sino en inspirarse, transformar y aportar valor propio al inmenso universo de contenido que nos rodea.
